Toda relación tiene sus fases o por lo menos eso es lo que he experimentado yo. Hay momentos buenos y no tan buenos. Siempre está esa primera fase, de ilusión y romance, vamos a lo que llamaríamos una vida de color de rosa, con sus mariposas en el estómago y mensajes casuales a altas horas de la noche. Al principio todo parece fácil, la emoción del comienzo te turba, estás como en una nube. Pero del mismo modo que la flor ésto se marchita poco a poco. A la segunda fase yo la llamaría experimentación. El carácter de cada uno empieza a asomar su cabeza y aparecen los primeros desacuerdos. Nueva fase, descoordinación. Las mentalidades, valores e incluso principios de cada persona se ven expuestos a la otra persona haciendo, en el peor de los casos, dudar de la propia forma de ser. Una lucha de convicciones. Como dice P!nk en su canción, donde hay una llama siempre va a haber alguien se queme, pero que se queme no significa que vaya a morir. Inténtalo. Aunque si es cierto que cada batalla se supera, siempre queda un resquicio en el fondo que tardará más tiempo en diluirse. La receta para esto no es más que una buena dosis de paciencia y confianza. Salió la palabra clave. Sin confianza no se llega a ningún puerto si de amor estamos hablando. Aunque a veces cueste, e incluso se tenga todo en contra, es más que necesario tener confianza en aquel que tú y solo tú has decidido depositarla. Quizás esta sea la fase más larga, adversa y más repetitiva de todas. Vuelve a aparecer, aunque no siempre con la misma intensidad. Entre medias hay temporadas de calma. Fases de reconciliación que son hermosas y veloces. Desembocan en periodos estables, nada más allá de lo corriente, todo está bien y duran tanto como las temporadas descoordinación lo permiten. Las relaciones son un círculo vicioso del que solo de vez en cuando quieres salir, pero hay algo que lo impide, el corazón.
Es poca mi experiencia, pero esto es lo que yo he ido sintiendo y viviendo cada día, puede que a veces me equivoque o me "enerve", pero si todavía sigo atada a él, es porque merece la pena, la vida está llena de altibajos de cualquier tipo y si no existiesen los bajos para esos altos todo sería demasiado fácil, y lo fácil aburre.
No es el beso, es quien lo da. No es la historia, es quien la escribe. No es el resto, eres tú.
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jueves, 29 de agosto de 2013
sábado, 24 de noviembre de 2012
Whatsapp, esa aplicación del siglo XXI
Whatsapp, esa aplicación de mensajería instantánea gratuia. Mucha gente pensará que voy a escribir algo bueno sobre ella pero no, se equivocan. Ciertamente es una aplicación de gran utilidad que va estupendamente si necesitas decir algo rápido. Como esos -¿Dónde estás? -¿Te queda mucho? -¿Hacemos algo hoy?. Pero, y aquí viene la parte interesante, el whatsapp es la perfecta aplicación para todos los caguetas. Perfecta para no dar la cara, para todos aquellos que no tienen cojones de dejar a su pareja y recibir la torta que quizás deberían recibir, por ejemplo, o para aquellos que les es más fácil discutir sin tener que enfrentarse a la otra persona en sus narcies. Pero no solo cosas malas, dónde ha quedado ese hormigueo de pedir salir a la chica que te gusta si ahora con un whatsapp ya lo tienes, sin darte de morros si te dice que no, o sin ese beso si te dice que si. ¡Estamos matando el romanticismo! Tanta críticas y críticas sobre chats como el de Tueni, pero ¿no se da cuenta la gente que el whatsapp es más de lo mismo? Que un te quiero no se siente igual si te lo susurran al oído que si lo lees en la pantalla del mismo móvil que te vio discutir. El whatsapp carece de sentimientos.
Llegados a este punto decir que las personas deberían ser consicientes de que las cosas valen mucho más si son sinceras y que éstas se perciben mejor si el receptor te escucha y no te lee.
Definitivamente, el whatsapp como los respectivos chats de las redes sociales, no mejoran tus relaciones, solo las empeoran.
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Y esque algunos de los mejores momentos de mi vida son errores.